Vinos de Madeira

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Vinos de Madeira

Madeira, una isla paradisíaca bañada por el Océano Atlántico esconde en sus exóticos parajes el secreto de elaboración de unos vinos con más de 400 años de antigüedad.

Los vinos de Madeira han conseguido, a través del paso del tiempo, que esta isla sea conocida mundialmente. Actualmente la isla portuguesa cuenta con más de 2.500 hectáreas de viñedos que producen anualmente alrededor de 10 millones de litros de estos vinos. Las primeras viñas introducidas en la región fueron probablemente llevadas por los ingleses durante el proceso de colonización. Existe la creencia, de que fue el príncipe inglés Enrique el Navegante el que introdujo en Madeira el que sería el antecedente más cercano de esta bebida; un vino llamado ”malvasia candida” procedente de la isla de Creta.

El mayor desarrollo en la industria vitivinícola que tuvo Madeira comenzó en la segunda mitad del siglo XVII, justo cuando las exportaciones que realizaban los ingleses eran masivas y muchos países reclamaban con insistencia estos caldos. Inglaterra es además, el lugar donde alcanzó mayor importancia.

Cognac añadido

El Madeira original no es el que hoy día se conoce. Sin duda alguna, el hecho de encabezarlo con licores como el brandy o el cognac hizo que estos caldos ganaran presencia y terreno frente a otros vinos. Portugal durante las guerras napoleónicas era aliado de Inglaterra y por esta razón se vio afectado por el bloqueo ordenado por el propio Napoleón.

De este modo, las existencias de Madeira y Cognac que estaban destinadas a exportarse se acumulaban en stock en la isla. Para prolongar la vida del Madeira se le añadió cognac con lo que el sabor del caldo mejoró considerablemente y desde entonces al Madeira siempre se le ha añadido alcohol.

Al igual que ocurrió con los vinos de Oporto y de Jerez, el Madeira si se encabezaba aguantaba mejor los largos traslados a los que se veía sometido desde su lugar de origen hasta la zona de consumo. A partir de este momento, se convirtió en una bebida muy cotizada y de gran lujo.

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Elaboración

El proceso de producción de estos vinos, no se diferencia especialmente del que se utiliza en otras regiones del mundo. Como en muchos otros lugares la recolección y algunas labores de elaboración siguen haciéndose mediante los medios tradicionales, es decir, exclusivamente humanos y sin la intervención de ningún tipo de maquinaria. No obstante, una de las características que le hacen sobresalir sobre otros vinos tiene lugar en el proceso de elaboración. Los vinos de Madeira deben sus espléndidas características a un método denominado ”estufagem” que consiste en calentar de forma artificial estos caldos.

Se consigue de este modo, un doble efecto: por un lado el vino se conserva mejor y durante más tiempo y por otro, el calor carameliza el azúcar del mosto y otorga al vino un agradable aroma tostado. Se puede hacer de varias formas aunque la más corriente es mantener el mosto en depósitos a temperaturas que oscilan entre los 35 y 50 grados centígrados. En otros casos los depósitos son barriles de madera que se almacenan en una casa y que se mantienen a una temperatura de 45 grados. Claro está, que este calor lo proporcionan las llamadas estufas, de ahí el nombre del proceso. Un tercer método, más caro y largo, apuesta por que las cubas de vino se caliente únicamente con el calor del sol.

Tipos de vinos de Madeira

Existen 4 variedades de Madeira cuyos nombres se corresponden con las variedades de uvas con las que se han elaborado: Sercial, Verdelho, Bual o Boal y Malvasía. Dos de ellos son secos (sercial y el verdelho) y los otros dos son dulces (bual y malvasía). A su vez, los madeira se pueden clasificar nuevamente atendiendo a su edad: los Colheita tienen un periodo mínimo de crianza en madera de 20 años, los Reserva Extra envejecen durante al menos 15 años, los Reserva Velha son de al menos 10 años y por ultimo, los Reserva tienen una edad mínima de 5 años.

Sea cual sea la variedad de uva que se utilice en su elaboración y el tiempo que pase envejeciendo en barrica, el madeira siempre será un vino muy versátil. Es tan diverso que puede degustarse a cualquier hora del día y prácticamente con todo tipo de comidas. Los secos, son deliciosos si se sirven frescos a la hora del aperitivo y los dulces aportan el toque necesario después de cualquier comida, además de ser excelentes digestivos.

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