Los vinos de las Rías Baixas

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Vinos de las Rías Baixas

Los vinos de las Rías Baixas se agrupan bajo esta Denominación de Origen creada en 1988 (y cuyo antecedente fue la D.O Albariño). Bajo esta D.O se encuentran las cuatro comarcas situadas en la provincia de Pontevedra: El Salnés, que tiene su centro dinámico en la población de Cambados; Soutomayor, situada al fondo de la Ría de Vigo; El Rosal, asentada al sur, en la margen derecha del Miño y El Condado también en la margen derecha del Miño cerca de la localidad fronteriza de Tui.

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Todos estos terrenos están bajo la influencia del clima atlántico del oeste europeo, que se caracteriza por las persistentes lluvias con temperaturas suaves en otoño e invierno, una primavera precoz y sin heladas y un verano seco de temperaturas suaves. Los suelos, de origen granítico, son arenosos, ricos en materia orgánica, normalmente ácidos, frescos y permeables.

Uva Albariño, la más famosa

Unas condiciones naturales que favorecen el nacimiento de una uva de gran finura, elegancia y agradable aroma. Se cultivan más de 20 variedades autóctonas de la zona, si bien la D.O. recoge sólo las variedades de mayor relevancia como son la Albariño, Loureira y Treixadura, como uvas blancas y las Brancello, Caíño, Espadeiro y Tinta Femia, como variedades tintas.

De ellas, la uva Albariño, la de más tradición e influencia en la zona, produce unos vinos jóvenes, apreciados en todo el mundo. El origen de la uva Albariño, y cómo llegó hasta tierras gallegas, apunta múltiples hipótesis. La más extendida señala a que la cepa formó parte del bagaje inmigrante de los monjes de la Orden de Cluny que recalaron en los parajes del Valle del Salnés en el siglo XII. Una vez instalados en el monasterio de Armenteira, situado en el monte Castrove, de San Estebo de Ribas, los monjes pudieron haber extendido el cultivo por toda la región.

Su historia

A pesar de la prosperidad alcanzada a comienzos de la Edad Media, las rivalidades con los comerciantes Ingleses acabaron por arruinar casi al completo esta incipiente industria. El gobernador galaico Don García prohibió la venta del vino a los “perversos” ingleses, sin reparar en las consecuencias que se derivarían de tal acción. En poco tiempo el vino gallego fue sustituido en los mercados ingleses y progresivamente en el resto de Europa, por el vino portugués, cuyo coste era considerablemente más bajo.

Comenzó entonces la decadencia de la vinicultura gallega que empezó a producir caldos de muy mala calidad y dudosa procedencia. La industria no hizo sino empeorar al tener que combatir a las sucesivas plagas que azotaron los cultivos durante la segunda mitad del siglo XIX.

Hoy en día la producción se ha recuperado y superado las cifras de antaño, si bien el cultivo se sigue haciendo en pequeñas extensiones, y depende directamente de cada propietario. La elaboración se continúa haciendo en las pequeñas bodegas siguiendo los métodos tradicionales, pero con la evolución y el cuidado que la tecnología actual permite.

Cata

Desde el punto de vista gastronómico, estos vinos son el acompañante esencial para mariscos y pescados. Presentan tonos amarillo paja, con irisaciones doradas, un fuerte aroma frutal con aportes florales y en boca resulta carnoso y muy persistente.

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Por su untuosidad, fragancia y acidez son vinos que puede perfectamente degustarse solo, pero la mejor alternativa es combinarlo con la cocina marinera gallega, con la que prácticamente se identifica, especialmente con los crustáceos, moluscos y los pescados más característicos de Galicia: merluzas, lubinas, rapes y rodaballos. Se podría incluso afirmar que el gran proceso de renovación que muestra en los últimos tiempos la cocina gallega se debe a vinos como el Albariño, que renuevan los sabores de los manjares.

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