La manzana

la manzana

Por la familiaridad con las que se presenta en las mesas de todos los hogares y por su presencia ininterrumpida en los mercados durante todo el año, posiblemente la manzana sea el fruto más conocido universalmente, acaso porque era el que colgaba de los árboles del Paraíso.

La manzana, la “reina de las frutas”, ya se cultivaba en los jardines del Valle del Nilo en tiempos del faraón Ramsés II, allá por el año 1300 a.c. Antiguamente se la denominaba “poma”, nombre que se ha conservado en los idiomas catalán, francés e italiano y por la familiaridad con la que se ha presentado (y lo sigue haciendo) en las mesas de todos los hogares, durante todo el año, posiblemente se haya convertido en el fruto más conocido universalmente, quizá porque era el que colgaba de los árboles del Paraíso.
La manzana cuenta con notables virtudes curativas que con gran acierto civilizaciones antiguas supieron descubrir: los griegos utilizaban las manzanas dulces, cuyo sabor recordaba a la miel para curar todo tipo de dolencias.

En la medicina popular norteamericana, se cree que neutraliza todo los excesos de ácidos en el organismo y se considera que terapéuticamente es efectiva para la gota, el reumatismo, la acidosis, y las afecciones hepáticas entre otros muchas dolencias. En la manzana, tiene también su origen la fórmula farmacéutica que hoy conocemos como “pomada” y que antiguamente se elaboraba a base de manzanas y aceite a modo de ungüento cicatrizante.

La multiplicidad de sus colores y texturas ha sido desde siempre motivo de atracción para los artistas y las ha hecho protagonistas de muchos bodegones. También los poetas han sabido prestarle una gran atención y, por ejemplo, García Lorca la relacionaba con el Maligno: “La manzana es lo carnal/fruta esfinge del pecado/gota de siglos que guarda/de Satanás el contacto”.

Ningún otro fruto aporta una gama tan amplia y variada de sensaciones gustativas como las sencillas y modestas manzanas, reinas del Principado de Asturias, región a la que alguien sintetizó en el sabor de una manzana. Su pulpa juega con diferentes matices y su carne sabe rodearse, en la corteza, de todos los colores que la Naturaleza pudo crear. Fresca, estética y sabrosa, es un ingrediente esencial para la buena mesa.

Al margen de su consumo natural, la manzana resulta imprescindible en la industria pastelera, unas veces en forma de gelatina o mermelada y otras en compotas. También en la industria licorera, para la fabricación de sidras y aguardientes y hasta en la farmaceútica, por sus propiedades desinfectantes y astringentes. Además, forma parte de innumerables recetas, puesto que se puede utilizar en todo tipo de salsas, purés, guisos y postres e incluso la cocina más atrevida la ha convertido en uno de sus ingredientes de referencia. Ya sea Reineta, Golden, Starking, Jonatan, Winter, Granny Smith o Verde Doncella (existen hasta dos mil variedades distribuidas por todo el mundo), siempre proporciona agradables sorpresas al paladar.

Una manzana al natural resulta una alternativa excelente a cualquier hora del día,sin embargo existe una variada selección de postres, a cual más atractivo, protagonizados por la fruta del Paraíso.

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