El Vermú

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De sabor fuerte y amargo, el Vermú se ha convertido en la bebida por excelencia de las tranquilas mañanas de domingo y ha creado en torno a ella una auténtica cultura del aperitivo.

Para descubrir el origen del Vermú, una bebida popular en toda Europa, nos tenemos que remontar al inicio mismo de la vinicultura en las antiguas civilizaciones. Lo más probable es que sea en Grecia donde nació un precursor del licor que hoy conocemos como Vermú, en cuya composición no participan más que vino y plantas aromáticas. Son muchos los investigadores que piensan que fue Hipócrates de Cos, nacido en el año 460 antes de Cristo, quien movido por su interés de encontrar propiedades benéficas a las plantas, pudo ser el inventor de un líquido alcohólico que es el antepasado del Vermut que hoy conocemos.

El origen de su nombre lo situamos, sin embargo, en Alemania donde “wermouth” significa “ajenjo”, la planta más representativa de cuantas se concentran en esta bebida y la que le da su característico sabor amargo. El Vermut que hoy consumimos posee además, un amplio abanico de gustos y aromas, tantos como países en los que se elabora. Es especialmente famoso en Italia, donde muchos sitúan su verdadero origen y también en Francia.

El Vermú no es en realidad más que un licor compuesto en su base por vino, blanco o tinto, macerado, aromatizado con hierbas y endulzado con mistelas y almíbar. Además del ajenjo, que aporta el gusto básico de la bebida, el Vermut se aromatiza con raíces, flores, bayas, cortezas y semillas (cilantro, la quinina, manzanilla, clavo de olor, cáscara de naranja, genciana, jengibre, pétalos de rosa, jumipero…). Pero no sólo de estas hierbas depende su carácter. El grado de dulzura de cada Vermut resulta fundamental a la hora de determinar diferencias. En función de éste, podemos encontrar Vermut Extra Dry o Extra Seco, el Dry o Seco y el Dulce. Estas variedades se diferencian además considerablemente por el color; los Dry o secos son de color blanco y sabor amargo y entre el Vermú dulce encontramos el Rosso o Rojo con esta llamativa tonalidad y el Vermut blanco.

Servido en frío, ya sea solo o con un poco de agua o soda y una rodaja de limón, el Vermut se alza entre los demás licores gracias al arte de la coctelería. Es, por ejemplo, ingrediente indispensable, junto con la ginebra y la aceituna, para la elaboración del cinematográfico “Martini”. Sus usos culinarios además son muy amplios, especialmente en la variedad seca, con la que llega a sustituir al vino blanco tradicional con gran éxito en muchas recetas.

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